Síntesis de la exposición de Daniel Fernando Arroyo
Daniel Fernando Arroyo inició su intervención con un diagnóstico:
- La Argentina tiene hoy un 47 por ciento de pobres; se considera pobre a la familia de 4 personas, que gana menos de 725 pesos por mes.
- Tiene 20 por ciento de indigentes; son familias que ganan menos de 329 pesos por mes.
- Tiene un 13 por ciento de su población que no tiene las necesidades básicas cubiertas, esto es, que no tiene piso de material o no tiene las condiciones mínimas de habitabilidad.
Esto indica que el grueso de la pobreza en la Argentina tiene que ver con la falta de ingreso; la mayor parte de la pobreza en la Argentina es gente a lo que no le alcanza la planta para llegar a fin de mes.
A diferencia del resto de los países de América latina, en la Argentina la pobreza tiene que ver con los bajos ingresos y por eso, en nuestra opinión, hacer política social en la Argentina es poner en marcha la producción y ayudar a aumentar los ingresos a través de la inserción de la gente en el mercado productivo.
En la Argentina tenemos 2,2 millones de personas en programas de ingresos, entre el plan Jefes de Hogar y otros similares. Los dividimos en tres tipos:
- Los pobres estructurales históricos. Son los que salieron del mercado laboral hace más de seis u ocho años.
- Los pobres estructurales vinculados con la crisis. Son los que hasta hace dos años venían interactuando con el mercado informal (gasistas, plomeros, carpinteros) y en los últimos dos años quedaron afuera por la crisis.
- Los nuevos pobres. Están en los programas de ingresos y están en el mercado informal, haciendo changas, teniendo actividades.
De los 2,2 millones de personas que tenemos hoy, hay 600.000 que están en las últimas dos categorías; es decir que, en principio, tienen facilidades para reingresar al mercado laboral porque hacen poco que quedaron fuera o están haciendo changas o interactuando con el mercado informal.
Hay un 1,6 millón de personas que tienen problemas más estructurales, están muy lejos de poder entrar al mercado laboral, no tienen los estudios primarios completos, en muchos casos son padres con muchos hijos, con muchas dificultades, y donde el punto tiene que ver en principio con el acompañamiento y la capacitación como tarea previa para después entrar al mercado laboral.
“Tenemos un millón de jóvenes, de 18 a 25 años, que no estudia ni trabaja, y ese para nosotros es la bomba de tiempo de la Argentina”, afirmó Arroyo. Están fuera, excluidos, no es que no tienen plata y por eso no van a la escuela, sino que sienten que no existe nada en el futuro; no tienen nada en qué entusiasmarse y no sabe hacia dónde ir.
Tenemos una distribución del ingreso absolutamente desigual; la diferencia entre el 10 por ciento más rico y el 10 por ciento más pobre en la Argentina es de 30 a uno, lo cual quiere decir que cada 30 pesos que gana el 10 por ciento más rico, un peso gana el 10 por ciento más pobre.
Tenemos un nivel de pobreza muy superior a lo que siempre ha tenido la Argentina.
Arroyo dijo que estos datos sirven para llegar a tres conclusiones básicas:
- Hoy poner en marcha políticas públicas del Estado significa poner en marcha la producción; la única manera real de que haya menos pobres en la Argentina es que la gente pueda producir, vender y tener mayores ingresos.
- La política pública tiene que vincularse con el sector privado y con las organizaciones de la sociedad civil y, fundamentalmente, con los que saben de producción. Mal nos irá en la política social si sólo nos vinculamos con la sociedad de fomento, con la unión vecinal o con el ropero comunitario, que tienen mucha legitimidad en el barrio, que trabajan muy bien, pero que no saben evaluar si un proyecto productivo es rentable o no, si es sustentable, si la estructura de costos está bien o mal sacada o si eso se lo puede vender a alguien. Gran parte del desafío de hacer política social hoy, es poner en marcha la producción y articular al sector privado con el sector público.
- Hoy, la política social no se trata de la discusión sobre si hay que dar pescado o enseñar a pescar; las dos formas pueden ser interesantes, pero lo que nos parece que lo que tiene que garantizar hoy el Estado es que haya peces en la laguna. Necesitamos garantizar el movimiento de la economía local. Cuando generamos capital social en términos de capacitación, asistencia técnica, generamos expectativas y después no hay nada para poner en marcha el proyecto productivo, tenemos serias dificultades. Por eso creemos que la tarea del Estado es financiar el desarrollo de actividades productivas, de pequeños emprendimientos, para los sectores más pobres.
En un año hemos puesto en marcha el Plan Manos a la Obra, que es un plan nacional de desarrollo local y economía social. Es un plan que no busca financiar un montón de micro emprendimientos chiquitos y sueltos, que se choquen entre sí, sino que busca generar cadenas productivas en base al perfil de cada región del país. Se apunta a lo metalmecánica, al turismo, a lo vitivinícola, a la producción agroalimentaria, a la vinculada a la madera, al textil, al calzado.
Para todos aquellos que están debajo de la línea de pobreza, para el 47 por ciento de la población, en función del desarrollo local, el plan entrega herramientas, maquinarias, insumos, bienes de capital y crédito (a través del sistema de micro crédito) para poner en marcha estos emprendimientos.
Hasta ahora financiamos 20.700 emprendimientos. El 79 por ciento ha sido a través del sistema de micro crédito; el 21 por ciento a través del sistema de subsidios, que son los más pequeños. Hemos llegado a 242.000 personas en total, a través de un mecanismo de 155 micro bancos, instituciones como el Grameen, que operan y dan créditos a los sectores más pobres.
¿Qué resultados tenemos con lo que hicimos hasta ahora? Que nos va regular, porque el 47 por ciento de los emprendimientos financiados son alimentarios, el 15 por ciento son textiles y sólo el 7 por ciento son lo que llamamos emprendimientos estratégicos, es decir, donde hay una empresa que genera una cadena de proveedores y estos emprendimientos que forman parte de ese proceso.
Queremos llegar a fin de año con 35.000 emprendimientos, con 500.000 personas. Pero la idea no es llegar a fin de año con 20.000 panaderías, porque arruinaríamos a la industria panadera argentina y está claro que esa no es la tarea del Estado, sino llegar a un 15 por ciento de emprendimientos estratégicos. |