Síntesis de la exposición de Gustavo Grobocopatel
Gustavo Grobocopatel habló de su experiencia en pasar de una empresa familiar a una empresa profesional, y de ésta a una empresa red. Y, para comenzar, se definió a sí mismo como “una especie de pastor en la sociedad del conocimiento”.
Dijo que los procesos de la sociedad de la información se van a acelerar en el siglo XXI a través de numerosas innovaciones tecnológicas y nuevos conocimientos, que van a generar un mundo fascinante.
Por eso hay que adecuar estructuralmente nuestras empresas, para adaptarlas a los desafíos de esa nueva sociedad. “Pero el Estado puede sofocar el desarrollo de la tecnología”, sentenció Grobocopatel. Aunque advirtió que esto no es seguro que ocurra, comentó el caso de China, que pudo haber tenido la Revolución Industrial quinientos años antes que Inglaterra, pero no pudo por las restricciones que puso el Estado a través de las dinastías, que eran muy conservadoras y que frenaron el desarrollo de China. “Es decir que los argentinos no tenemos asegurado el pertenecer a esta nueva sociedad”, aclaró.
Nuestra empresa es una red de producción. Estamos sembrando 80.000 hectáreas de agricultura, de commodities, en la Argentina; 20.000 hectáreas en Uruguay y 6.000 en Paraguay. Pero esas siembras no las hacemos solos, las hacemos en distintas sociedades con los dueños de las tierras, con proveedores de servicio, con proveedores de insumos, a través de integraciones de distinto tipo, muy flexibles.
Superpuesta a esta red de producción tenemos una red comercial, en la que no solamente comercializamos nuestra propia producción sino también la de terceros, de otros productores, con integraciones multilocales, que son franquiciados. En provincia de Buenos Aires, parte de Santa Fe y Córdoba tenemos 30 franquiciados que son lugares donde se hacen negocios con nuestra forma, compramos y vendemos granos e insumos.
Tenemos una red de procesamiento y distribución muy pequeña, porque tenemos un molino harinero; una red de conocimientos e innovación, que es de donde nosotros tomamos esos conocimientos, que tiene que ver con la pertenencia a la Asociación de Productores de Siembra Directa; convenios con distintas universidades y, por supuesto, benchmarking; una red de investigación y desarrollo.
Hemos hecho una empresa de biotecnología con un grupo de 70 amigos, Bioceres, que gerencia proyectos de inversión en biotecnología, que se asoció recientemente con BioSidus y con el CONICET para crear el Instituto de Biotecnología de Rosario, que esperamos que sea el que origine los nuevos conocimientos de esta sociedad del conocimiento y la información genética.
Otra de las actividades de esta empresa red es la coordinación de red de proveedores de servicios. Es una integración vertical que está hecha en forma horizontal, donde producimos y vendemos insumos a productores que son clientes nuestros, comercializamos a través de una acopiadora y una corredora, eso va a un molino harinero propio y hacemos algo de exportación y eso finalmente va a la distribución a los consumidores.
Grobocopatel explicó que la red se va cada vez compactando más; las empresas que la integran se van achicando y van dando lugar a las tercerizaciones. Por ejemplo, los ingenieros agrónomos que trabajaban con nosotros en relación de dependencia en la producción, se desvincularon y formaron su pyme, que es proveedora de servicios de gerenciamiento agrícola a la red. “Tratamos –aclaró Gropocopatel– de tener cada vez menos gente en relación de dependencia y más pymes asociadas a la red.”
Hoy, en la red de producción, las 80.000 hectáreas se hacen con cinco ingenieros agrónomos, pero con doce pymes de gerenciamiento agrícola asociadas; cada una de ellas, son empresas separadas, tiene dos o tres ingenieros agrónomos, van riesgo con nosotros y son socios nuestros en la producción agrícola; contratos, pymes para labores, pymes para cosechas. Finalmente somos quince personas fijas y 135 empresas contratadas, que emplean alrededor de 480 personas directamente y mil quinientos en forma indirecta.
El área comercial tiene un desarrollo parecido y empezamos a generar valor agregado a esa red. Una de las cosas que hicimos fue un fondo cerrado de inversión, que es de empleados que trabajan con nosotros, que hacen una inversión de 400.000 pesos en tareas que hacen Los Grobos y son socios nuestros en las siembras.
“Las empresas de servicios actualmente son nueve de gerenciamiento, tres de siembra, cinco de pulverizaciones y dos de transporte, y que son de empleados nuestros que han decidido hacer sus propias empresas”, apuntó Grobocopatel.
Es posible desarrollar una red si hay tecnología. Carlos Casares es un nodo que conecta a otros cinco nodos, formando una especie de empresa virtual: Rosario, San Pedro, Buenos Aires, Guaminí, Bahía Blanca, funcionan on line con Carlos Casares. Las distintas franquicias, las distintas sucursales, reportan a cada uno de esos cinco nodos.
Acabamos de inaugurar un aula virtual en Carlos Casares y ya hemos hecho nuestras primeras videoconferencias on line dentro de la red. La idea es generar una red de aulas dentro de la red para hacer las capacitaciones que se requieran. Es el concepto de la universidad virtual, donde uno no va a la universidad sino que la universidad viene a uno.
¿Qué aportan Los Grobos? Visión, dirección estratégica, conocimientos, acceso a la información, financiación, infraestructura, servicios, capacidad de innovar y de adaptarse. |