Síntesis de la exposición de Alejandro Mentaberry
Alejandro N. Mentaberry, investigador del Instituto de Investigaciones en Ingeniería Genética y Biología Molecular, expuso el tema “Biotecnología: los nuevos desafíos de la agroindustria”.
Señaló que el crecimiento poblacional en el mundo en los próximos años será mayor por lo cual la demanda de alimentos se multiplicará por dos o por tres.
Estamos hablando de mayor consumo de proteínas y recuerden que la tasa de interconversión de proteína vegetal a animal está entre 2 y 5, dependiendo de los precios. Esto quiero decir mucha más producción de granos, es decir, con una intensa presión sobre la agricultura para hacer mucho más productiva. O sea que no solamente tendremos que duplicar la cantidad por la población sino quizás triplicar por el tipo de comida que se va a producir.
Por otro lado necesitamos incrementar la cantidad nutricional, a medida que la gente mejora su situación económica quiere comer mejor, además hay que hacerla comer mejor, pero en realidad lo único que estamos satisfaciendo en este momento en muchos casos es el consumo calórico.
Dijo Mentaberry que es obvio que esto hay que hacerlo pero dijo que existen limitaciones por el lado del suelo, en superficie y calidad, y también por el lado de los recursos hídricos.
En este panorama hay que tener en cuenta otro elemento, y es que los recursos físicos del planeta son finitos, un problema que habrá que considerar en los próximos años 40 o 50 años. Paralelamente, se acaba el petróleo. Esto quiere decir que el mundo avanza a pasos gigantescos hacia cambios en donde la biotecnología va a tener mucho que ver.
Señaló que vamos hacia iniciativas estratégicas de tipo científico tecnológico para hacer reemplazos, por ejemplo en el caso de los combustibles el petróleo por hidrógeno, y citó como ejemplo los avances que se están haciendo en Estados Unidos con el automóvil a hidrógeno.
¿De dónde va a salir ese hidrógeno o los nuevos combustibles? Respondió que todavía no está muy claro, ni en términos económicos ni en técnicos, pero que es muy probable que la biología tenga mucho que aportar. Señaló que “ya hay propuestas para producir hidrógeno de algas, con modificación genética, lo cual podría ser una forma de generar hidrógeno, y después está todo el tema de los biocombustibles.”
Dijo que por suerte la Argentina tiene en abundancia todo lo que va a faltar, es decir, tiene una situación que en medio de una crisis se convierte en una oportunidad. Pero nos falta un modelo para insertarnos en el mundo en el mediano, ni tenemos idea de cómo nos vamos a desarrollar como país en el mediano plazo y nos falta un planteo del largo plazo. Falta una visión estratégica en este sentido.
La biotecnología es una herramienta estratégica, tiene muchos campos de aplicación y en un corto plazo puede jugar un papel activo. Hay gente que empieza a hablar de bioeconomía en el sentido que vamos a evaluar la información biotecnológica prácticamente en muchos aspectos de la vida cotidiana dentro de muy pocos años. Algunos, de interés para la Argentina, son agricultura, ganadería, industria alimentaria, salud humana y animal, industria química, producción minera, recursos energéticos, recursos marinos y acuicultura, recursos forestales, entre otros. En todos estos campos es previsible un alto impacto de la biotecnología en el corto plazo, y en todos ellos la Argentina tiene grandes apuestas.
Mentaberry enumeró que se necesita para llevar esto adelante:
- Ciencia original y competitiva
- Competencias complementarias (la biotecnología es un campo interdisciplinario)
- Marcos regulatorios adecuados
- Factibilidad económica
- Aceptación social
La Argentina tiene científicos que están habituados a competir en el mundo porque salen a competir y son capaces de brindar productos originales; tiene competencias complementarias, canales de transferencia (el INTA y otros); ha avanzado algo en el marco regulatorio, aunque falta hacer mucho en calidad alimentaria, y no tiene todavía reglas de juego claras en materia de propiedad intelectual; tiene factibilidad económica, aunque en la industria alimentaria tiene que llegar a toda la cadena, y en cuanto a la aceptación social es un punto en el cual ha avanzado relativamente bien.
A partir del rol que la agroindustria ha logrado en la Argentina podemos pensar en desarrollar el país a partir de ahí. Con un poco de imaginación pienso en cabeceras de cultivos y tejidos como Rosario, la industria vitivinícola en Cuyo, y en cada una de estas producciones regionales la biotecnología puede incrementar el valor agregado. Y esto es importante porque nos lleva a lo que es clave en el desarrollo del país, que es el basado en el desarrollo de las ciudades secundarias.
Sobre la base de la producción agroindustrial, concentrando la transformación en ciudades secundarias, con mucha tecnología, agregar ahí valor y trabajo, pero esto implica políticas sectoriales concertadas.
Dijo que “en Rosario estamos avanzando hacia lo que puede ser una primera iniciativa interesante, que es la creación del Instituto de Agro y Biotecnología. Esto ha surgido de un par de empresas, de innovación. Se intenta una alianza estratégica con el CONICET, sería la primera vez que un instituto privado esté dentro del marco del CONICET. El eje está puesto en la eficiencia en la gestión y en la calidad científica por otro lado y va a haber niveles de investigación a corto, mediano y largo plazo, incluida la investigación básica”.
El otro instituto que se va a instalar en Rosario es el Centro del Genoma Vegetal argentino-español, con lo cual en pocos años acá va a haber una masa dedicada a plantas y animales de cerca de 300 o 400 personas.
Afirmó Mentaberry que “la Argentina tiene pocas chances de participar en una revolución tecnológica. La biotecnología es probablemente la única importante en la cual vamos a poder subir, esto requiere esfuerzo y consistencia, tiempo y participación de actores muy diversos para que realmente resulte. El premio es grande.”
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